Textos: Angélica Corral.
Fotografías: Pedro Luis Martín
Ponce robó algunos muletazos como este
al primero a pesar de las dificultades del Atanasio.
El primero de Caballero no quería
ni ver al torero. Con el segundo el de Albacete puso voluntad pero el toro
no contribuyó.
César Jiménez que se presentaba
en esta plaza intentó hacer su buen toreo, pero se estrelló
con un mal lote. Estuvo voluntarioso y causó buena impresión.
Manuel Caballero, con pundonor y
muchas ganas, se justificó en Salamanca. Con su primer toro, un ejemplar manso
y rajao, no tuvo opción, el de Atanasio tuvo un pase y buscó la querencia
en todo momento. El albaceteño estuvo por encima de las condiciones del segundo,
un toro de José Ignacio Charro al que realizó lo mejor de su labor toreando
en corto cerrado en el tercio. El fallo con la espada le privó de lo que podía
haber sido un posible trofeo
César Jiménez estropeó su labor en
ambos toros por culpa de la espada. La voluntad y las ganas de agradar del
madrileño fueron patentes toda la tarde. Puso variedad con la capa haciendo
un quite por delantales y realizó dos faenas que encontraron respuesta en
el público de La Glorieta. Los comienzos fueron los más destacado, con las
dos rodillas en tierra en el primero de su lote y con la pierna flexionada
en el segundo. Torero entregado, con oficio, fácil pero al que le falta profundidad.
Enrique Ponce, que venía de desorejar
un toro en Valladolid, no pudo remontar una feria de Salamanca con poca fortuna.
El diestro valenciano, que no pudo lucirse con la capa en ninguno de los toros
de su lote realizó al primero una faena que no tuvo eco en el tendido. Con
el segundo, que se descaderó durante la lidia, intentó en vano el lucimiento
ante un ejemplar mermado de facultades.
Desencanto generalizado al término de
la quinta de abono, cuarta corrida de toros. Se lidiaron cuatro toros de Atanasio
Fernández y dos de José Ignacio Charro, mansos, sin casta y sin posibilidad
de sacarles partido. Hicieron el paseíllo Enrique Ponce, en su segunda tarde
en la feria, Manuel Caballero y César Jiménez, que se presentaba en La Glorieta.